determinismo

El determinismo pretende mostrar que los sucesos históricos a gran escala no pueden salirse de un curso específico que apunta en un sentido igualmente específico: el Imperio Romano había de disolverse, la sociedad industrial había de nacer en Inglaterra, el Imperio Chino había de anquilosarse. Estos hechos obedecen a causas, e investigar estas causas necesarias podría incluso proporcionarnos enseñanzas prácticas a la hora de afrontar un futuro que se regirá igualmente por causas necesarias. Aquí no se pretende negar cierto determinismo. Muy al contrario, la doctrina nazi estaba condenada, como el comunismo soviético, a acabar siendo barrida del curso histórico (aunque recordemos que la debacle del comunismo soviético al final del siglo XX no fue prevista por nadie) y todo parece indicar que sí existe un curso de desarrollo histórico que apunta a la instauración gradual de mayores controles de la violencia social que permitan una cooperación humana más eficiente para el beneficio del mayor número posible de individuos. Evidentemente, la ideología nazi cumplía estos requisitos todavía menos que el marxismo soviético ya que, al basarse en una doctrina racial, la mayor parte de la humanidad habría debido de verse necesariamente perjudicada por el dominio de la supuesta raza superior. Pero donde el determinismo histórico sí se equivoca lastimosamente es en el tratamiento mítico dado a la Segunda Guerra Mundial con posterioridad a 1945. No solo en obras de ficción escritas o audiovisuales, sino también en libros de historia, se nos muestra el resultado final de la guerra –la dramática derrota de Hitler y sus aliados japoneses- como una especie de western, donde los buenos derrotan a los malos gracias a su habilidad con las armas. Es como si pretendiesen tranquilizarnos demostrándonos que los malvados, por serlo tanto, están incapacitados para ganar las guerras. Se nos pretende convencer de esto arguyendo complicados razonamientos sobre economía, política u organización administrativa. Esto es absurdo. Hitler pudo ganar. Pudo ganar incluso cuando ya estaba en guerra, a la vez, contra la Unión Soviética, los Estados Unidos y el Imperio Británico, y, de hecho, es sorprendente que no ganara. Una sociedad totalitaria y militarista como la de la Alemania nazi poseía los medios suficientes para alcanzar ese triunfo y, si no fue así, se debió única y exclusivamente a la pura casualidad de que un solo hombre no tomó en un determinado momento una sola y lógica decisión; esta decisión habría sido de tipo meramente militar, estratégico, en absoluto afectada por la ideología ni por las condiciones económicas y sociales. El nazismo, por supuesto, hubiera acabado fracasando, pero no tal como sucedió en realidad, al cabo de una especie de gran espectáculo bélico en el cual los justos vencieron a los malvados. El bien se impone al mal, sí, muy probablemente, pero la guerra es un terreno para el cual el mal, a veces, está mejor cualificado. Es un hecho que, de todas formas, fue la Unión Soviética, un régimen tan totalitario y casi tan maligno como el III Reich, quien acabó derrotando a la Alemania nazi (y aquí no es el lugar para discutir si hubieran podido hacerlo sin ayuda). El relato que extensamente se presenta en este espacio comienza, pues, con la toma por Hitler de una sola decisión concerniente a una determinada iniciativa estratégica de tipo militar (esencialmente, cerrar el Mediterráneo con el fin de que la flota italiana entre en el Mar Negro). Es conveniente seguir el relato desde el principio con ayuda del Índice, y para su comprensión más exacta es preciso informarse lo mejor posible acerca de los sucesos de la historia militar de la guerra. Se acompañan los episodios de una Cronología, donde se diferencia lo real de lo ficticio, y se aportan algunos links útiles (la Wikipedia es muy completa y contiene pocos errores). La historia militar abarca cuestiones sociales, políticas y económicas (incluso geográficas), así que puede resultar también instructivo en muchos otros aspectos. Cuenta, asimismo, con un componente lúdico… y este mismo componente lúdico conlleva las correspondientes implicaciones psicológicas y sociales.

martes, 29 de abril de 2014

17. Ofensiva aliada de bombardeo



 El 14 de enero de 1943, Roosevelt y Churchill vuelven a encontrarse, ahora en las islas Azores. Se han transportado en potentes aviones norteamericanos de largo alcance y aprovechan las instalaciones que son el resultado de los espectaculares trabajos de ingeniería realizados en los últimos meses. Estos trabajos han permitido que los aliados dispongan ahora de una formidable estructura defensiva aeronaval en el centro del océano. Aunque los submarinos enemigos siguen siendo un grave problema (no solo los submarinos alemanes: también los italianos y, desde hace poco, incluso los franceses), los campos de aviación para la lucha antisubmarina de las Azores suponen un alivio al acoso al que son sometidos los convoyes que cruzan el Atlántico norte en todas direcciones. La eliminación de la posición del Eje en las islas Canarias ha supuesto también otra ventaja al prevenir el uso que el enemigo podía haber hecho de estas islas. Es cierto que la costa occidental española y portuguesa está más al oeste que las bases anteriores que tenían antes los alemanes en Francia, lo que incrementa el radio de acción de navíos y aviones del Eje, pero la situación estratégica de las islas de Azores y Madeira es una ventaja que lo contrapesa lo suficiente.

  Por supuesto, Churchill viene a las Azores no solo para hablar de estrategias defensivas: es consciente de que el tiempo puede acabarse y que la guerra está lejos de ser ganada. Viene dispuesto a argumentar e insistir con el objeto de que, entre otras cosas, el Presidente de los Estados Unidos acepte el plan de liberar a los doce mil británicos que desde junio resisten el asedio en los túneles de Gibraltar. Este plan ofensivo comenzó a planearse a finales de noviembre de 1942, tras el éxito de la operación "“Torch" (conquista de las islas Canarias)”, y ahora habría que comenzar los preparativos si se lo quiere ejecutar no más tarde de marzo de 1943, ya que pasada esa fecha los británicos resistentes en Gibraltar habrán agotado sus víveres. También Churchill trae las conclusiones finales del plan de la RAF para una ofensiva aérea de bombardeo sobre Alemania a gran escala para la cual se requerirá el apoyo de la fuerza aérea norteamericana.

  Ambos estadistas tienen que dedicar su primer día de la conferencia a departir con los jefes de Estado portugués, francés y español aliados. Éstos son figuras políticas débiles cuyas posesiones se limitan a territorios ultramarinos, si bien la aportación que hacen a la causa aliada no es insignificante. Se trata del anfitrión, el jefe de estado portugués, el médico y historiador Jaime Cortesao; el único militar, el alto y estirado general francés De Gaulle; y el orondo presidente de la República española, Indalecio Prieto. Al menos, cada uno de ellos puede aportar una división de fusileros -o hasta dos, los españoles- completa o casi completa de hombres ansiosos por entrar en combate. Cortesao y Prieto concitan también ciertas simpatías en las naciones latinoamericanas. De Gaulle no tiene tanto éxito entre los canadienses francófonos de Quebec, que son más bien partidarios de la neutralidad, si no declarados petainistas e incluso separatistas del Canadá.

  Al día siguiente, comienza la conferencia en serio, a la que asisten los jefes de Estado Mayor norteamericano y británico, los generales Marshall y Brooke.



  Generales George Marshall y Alan Brooke, los principales urdidores de la estrategia militar de los Estados Unidos y el Imperio Británico respectivamente.


   De lo primero de lo que hay que hablar es de la situación en la URSS, porque es allí donde se está luchando de verdad a sangre y fuego, con miles de bajas día tras día, especialmente en los aledaños de Stalingrado. Hace ya un mes que los alemanes rompieron el cerco al 6 Armee alemán, y el Ejército Rojo no parece capaz de volver a cerrarlo, ya que las tropas alemanas son reforzadas y abastecidas constantemente por los dos puertos del Mar Negro que controlan y que están conectados por ferrocarril con la terminal de Kotelnikovo, a menos de doscientos kilómetros de la ciudad asediada. Ambos bandos están desangrándose, pero ¿cuál de ellos se desangrará antes?, ¿y cómo pueden los angloamericanos ayudar a los soviéticos? Porque si Rusia sucumbe, entonces para los alemanes sería una mera cuestión de organización logística (unos pocos meses) el arrasar las posiciones británicas en Próximo Oriente y llegar hasta la misma India, enlazando con los japoneses que están en Birmania. Por no hablar de lo que podrían hacer si convierten a los rusos en sus vasallos y entonces hacen uso de los ferrocarriles en Siberia: en tal caso llegarían hasta Japón.

  Churchill expone las conclusiones finales de los preparativos para la operación “"Husky”": la invasión del Estrecho de Gibraltar, una operación a gran escala en suelo continental europeo que forzaría el envío de grandes contingentes alemanes a luchar en un segundo frente y que por tanto contribuiría a aliviar la presión que sufren los soviéticos.

   Roosevelt conoce el plan, ya que él dio la aprobación para su estudio dos meses atrás. Aunque se espera a escuchar los últimos detalles que aporta la intervención del primer ministro británico, los técnicos militares norteamericanos ya han desaconsejado esta proyectada ofensiva. Churchill y los británicos planean repetir el éxito de “"Torch”", el desembarco y conquista de la isla de Gran Canaria, que llevó a la captura de todo el archipiélago, al concentrar ahora todos los portaaviones disponibles, cubrirlos con el apoyo de cientos de bombarderos pesados y de cazas de largo alcance establecidos en las islas (lo que excluiría a los bravos Spitfire), reforzarlo todo con los más poderosos acorazados y lanzar después hasta cien mil hombres en las costas españolas en las inmediaciones del Estrecho. Se utilizarían dos divisiones blindadas (una británica y otra norteamericana) y otras dos aerotransportadas. Los mismos hombres atrapados en Gibraltar y las guerrillas antifascistas españolas y portuguesas apoyarían la ofensiva. Según los británicos, en la zona solo habrá cinco o seis débiles divisiones españolas (los alemanes parecen creer que la principal amenaza aliada sería un desembarco en Portugal, donde mantienen tres divisiones). La flota y la fuerza aérea alemanas serán neutralizadas por un fuego superior, y los campos de minas y la artillería costera serían aniquilados por el fuego concentrado de los buques de la flota británica. En el peor de los casos, la fuerza desembarcada, tras liberar a los resistentes de Gibraltar, podría regresar al Atlántico, pero ya habría cumplido la función de dislocar el esfuerzo alemán en el frente del Este.

  Si se da la aprobación inmediata, "“Husky"” podría ejecutarse a finales de marzo de 1943.

  “No se puede hacer”, niega Roosevelt ante el apremio del general Marshall. Eisenhower, el jefe de las tropas aliadas en el Atlántico, apoya esta afirmación. El mismo general británico Brooke no puede construir una defensa entusiasta de la iniciativa que procede personalmente de Churchill, el único que insiste en que es viable, y que afirma, además, que no se puede seguir esperando para atacar en el continente europeo. No se trata solo de salvar a los hombres de Gibraltar: se trata de llevar a cabo un gran esfuerzo que obligue a los alemanes a enviar a la zona unidades valiosas que en tal caso no podrían participar en la lucha en Rusia.

  Pero Marshall también ha estudiado "“Husky"”, y los nuevos detalles aportados por los británicos no parece que vayan a cambiar las cosas. Por encima de todo, la distancia desde Madeira hasta Gibraltar es el doble de la que hay de Madeira a las Canarias, y no permitirá un apoyo aéreo suficientemente masivo. Madeira estaba solo a cuatrocientos kilómetros de las Canarias, y eso fue esencial para el éxito, aislando a la guarnición enemiga de recibir cualquier refuerzo por el mar, una ventaja que no podría darse si se ataca el continente.

   Además, los españoles han desarrollado su ejército hasta las cincuenta divisiones de infantería, tienen dos luchando en Rusia y otras tres en el nuevo frente que se ha formado en el sur de Marruecos, de modo que por lo menos podrán concentrar veinte en el sur de Andalucía al cabo de un par de semanas. Y luego, los alemanes podrán usar el puerto de Málaga, ya dentro del impenetrable Mediterráneo, para transportar más tropas hasta la zona. No podría reabrirse el estrecho y los españoles resistirían en la zona fortificada que va desde el puerto de Cádiz hasta Gibraltar. Para marzo habrá llegado el deshielo en Rusia y probablemente eso paralizará los combates en aquel frente. Las divisiones anfibias del Eje (que ahora parece que están luchando en Stalingrado) podrán llegar en dos o tres semanas. Probablemente la misma división "Hermann Goering" podrá transportarse desde Marruecos (donde los aliados carecerían de recursos para mantener ocupadas a las fuerzas enemigas con una ofensiva de distracción creíble). Los aliados no podrían nunca sumar más de diez divisiones de hombres inexpertos para el ataque en el sur de Europa, porque tienen también que mantener el frente del sur de Marruecos, el del Sudán y el de Próximo Oriente. La logística sería infernal y no hay garantía alguna de que se pudiera anular la ingente concentración de artillería de costa situada en el Estrecho (buena parte de ella está manejada por italianos, ya que Italia ha desmontado todas sus baterías costeras del Mediterráneo para afianzar la seguridad del cierre de este mar, del que depende la seguridad de Italia).

  Además, el mar en el estrecho, en marzo…...

  Y la flota nazi. Los acorazados "Scharnhorst" y "Gneisenau" no salieron ni en julio ni en noviembre para luchar por las Canarias, pero ahora sí que saldrían, puesto que sus bases están en el mismo estrecho. Sin contar con la flota italiana. Y la francesa.

  Eisenhower remacha que ya hubo mucha suerte en “"Torch"”: ni la Luftwaffe ni los submarinos lograron hundir ningún transporte de tropas, y ahora ya no se podría esperar tanta buena fortuna. Se trataría de miles de bajas, solo para salvar, a lo más, a algunos de los británicos de Gibraltar. Porque sería impensable que la posición pudiera consolidarse. Los españoles lucharían, apoyados por los alemanes. Nunca se podrá contar con más de doscientos mil soldados angloamericanos, más o menos bien equipados, pero con escasa experiencia de combate. No podrían enfrentarse a medio millón de curtidos españoles, alemanes y marroquíes. No se puede hacer.

  Pero la guerra no puede perderse, se queja el primer ministro británico. Y se perderá, añade, si no se hace algo efectivo para sacar tropas alemanas del frente ruso. Los rusos no pueden resistir indefinidamente. Necesitan un segundo frente.

  De hecho, Churchill teme que Stalin vuelva a pactar con Hitler. En eso Roosevelt es más realista: sabe que Hitler no se conformará con menos que la línea “Arkhangelsk-Astrakhan”; que Leningrado y Moscú han de ser destruidos, como Cartago lo fue, y que la Wehrmacht tiene que llegar hasta el Volga (si no hasta los Urales); de modo que a los rusos solo les queda la opción de seguir luchando y seguirán haciéndolo, se abra un segundo frente o no, durante por lo menos otro año más (hasta que los alemanes conquisten Leningrado y Moscú de todos modos). Todo parece indicar que al final del segundo invierno de la guerra en Rusia sucederá algo parecido a lo que sucedió al final del invierno anterior: los rusos recuperarán un poco de terreno y los alemanes aguantarán y esperarán a la primavera para reequiparse y lanzarse a la tercera ofensiva de verano y seguir avanzando hacia el Este. Hasta que alcancen su objetivo.…

  No, no hay que quedarse quietos, concede Roosevelt, pero tampoco precipitarse. Hay que hacer algo, pero hay que hacerlo bien, de forma segura, porque ni Inglaterra ni Norteamérica son Rusia ni Alemania, y el pueblo no perdonaría un desastre…, igual que los franceses no lo perdonaron en 1940. Francia, de hecho, podía haber seguido luchando entonces desde los departamentos de África del Norte… pero no era realista esperar que lo hiciera….

  Si salvar Gibraltar no es viable… ¿cuál es entonces la opción viable para una ofensiva aliada en 1943?, pregunta un desalentado Churchill.

  El general Brooke ofrece de nuevo "“Júpiter"”: la invasión de Noruega. Tiene la ventaja de que apoyaría a los rusos en la zona del Norte y que tomaría su fuerza del poder aeronaval aliado de los aeródromos de la zona (en territorio ruso). Pero para los norteamericanos tampoco es viable: los alemanes desplazarían sus fuerzas a través de Suecia, y al final sucedería que las tropas angloamericanas se iban a ver inmersas en el tremendo matadero del frente ruso, que es lo que los políticos angloamericanos quieren evitar a toda costa: el sacrificio humano debe ser lo más limitado posible.

  ¿Y un segundo asalto contra Egipto? Tiene la ventaja de que, de tener éxito, contribuiría a seguir manteniendo a Turquía neutral. Pero Rommel, en Egipto, es invencible, y cada día que pasa los soldados egipcios son más fiables debido a la instrucción y asesoramiento que reciben de los alemanes. Hasta los italianos mejoran: en octubre pasado se los derrotó de nuevo, pero no se dejaron aplastar como otras veces y retrocedieron con habilidad sin dejar que se les hicieran muchos prisioneros.

  Solo queda Marruecos. Con el apoyo aéreo desde los aeródromos de las islas Canarias, las fuerzas del I ejército británico que se están organizando el norte del Sáhara Occidental pueden contar con una buena base de partida. El día 14 de enero mismo se ha conquistado Cabo Blanco, con el aeródromo español de La Güera, defendido también por un batallón alemán que ha sido derrotado. Y una semana más tarde, antes de que termine la conferencia de las Azores, se conquistan los pequeños puertos de Villa Cisneros y El Aiuun. Esta sucesión de éxitos (pequeños, pero estratégicamente valiosos) se han logrado gracias a la gran superioridad del fuego aeronaval aliado.

  Por supuesto, el puertecillo de El Aiuun no vale nada y requerirá aún de varios meses de duros trabajos para convertirlo en un gran puerto de suministros bélicos. En ese tiempo, los alemanes, que hacen y deshacen a su antojo en el nuevo Marruecos independiente, mejorarán el ferrocarril a Marrakech y se fortificarán en la zona de los aeródromos de Cabo Juby e Ifni, al sur. Con todo, la ruta por el sur de Marruecos sigue siendo la mejor opción para los aliados debido a la proximidad de las islas Canarias, con sus aeródromos, y también debido a la ruta directa a través del Atlántico que estaría a disposición de los suministros norteamericanos. Puede haber tropiezos y derrotas, pero no posibilidades de desastre, pues los aliados estarán siempre apoyados por su gran superioridad naval y aérea.

  ¿Cuándo podría emprenderse una gran ofensiva en Marruecos, capaz de crear, cuando menos, alarma entre el enemigo? No antes de cuatro o cinco meses. Seis quizá. Entonces podría reunirse un ejército de diez o doce divisiones, con miles de aviones de apoyo y cientos de tanques “Sherman”. Este ejército desembarcaría al sur de Marruecos y al norte de las líneas avanzadas del Eje, atrapando a las fuerzas germano-hispano-marroquíes entre dos fuegos.

  La fuerza de los angloamericanos, reconoce Roosevelt, no es aún capaz de producir docenas de divisiones de duros guerreros para la guerra blindada. Hasta 1944 el ejército norteamericano no estará suficientemente equipado y entrenado para semejantes operaciones, equivalentes a las ofensivas de Rommel o Manstein. Es esencial que, hasta entonces, se haga todo lo posible de forma prudente y que, partiendo de esta limitación de no correr riesgos innecesarios, se fuerce al mayor número de tropas alemanas a que luchen fuera de Rusia, usándose a fondo los recursos en los que los angloamericanos sí son superiores, es decir: el poder aeronaval y la abundancia de suministros a enviar para que Rusia resista: alimentos, sobre todo, pero también combustible para aviación, vehículos, maquinaria industrial, medicamentos, algunas armas...

  Churchill, que tiene muy presente su visita a Moscú en agosto pasado, sabe que los rusos no dejarán de pensar que los angloamericanos son unos cobardes. Aunque, por otra parte, ¿con qué derecho pueden comparar la situación soviética con la de los pueblos del Atlántico Norte? En realidad, ni Inglaterra ni Norteamérica ven amenazada su supervivencia en esta guerra. La opinión pública angloamericana sabe que hacer la paz con Hitler no pondrá en peligro sus posesiones, y que el poder aeronaval puede defenderlos de cualquier amenaza nazi (si bien la situación es mucho peor para los británicos, pues Alemania, Italia, Francia y España ya se han repartido por adelantado todas las colonias británicas en África, aunque aún no hayan podido apoderarse efectivamente de ellas).

  Independientemente de la nueva operación "“Husky”", que sería ahora un desembarco en el sur de Marruecos, y no en la zona de Gibraltar (se conservará el nombre anterior para despistar), la mejor opción militar, la más viable, opina el primer ministro, es la ofensiva general de bombarderos pesados sobre Alemania. Desde 1940, las fábricas británicas han llevado a cabo un extraordinario esfuerzo de producción al que ahora se suman los aún más extraordinarios recursos industriales de los Estados Unidos. El ataque contra Colonia a finales de mayo pasado, con mil aviones y más de mil toneladas de bombas caídas sobre la ciudad, sería solo el principio. El plan para el nuevo año de 1943 es desencadenar semejantes tormentas de fuego nocturnas sobre las ciudades alemanas casi cada semana. Se empezaría arrasando la región industrial del Ruhr, para pasar después a destruir grandes ciudades como Hamburgo y Berlín. Las ganancias serían incuestionables: reducir la producción de la industria bélica, detraer recursos de aviación de caza enemiga, mantener en Alemania tantos cañones antiaéreos como se pueda (los alemanes los usan también como antitanques)… y demostrar a los alemanes la determinación y fuerza de sus enemigos: minar su moral mediante el terror.

  Ahora se cuenta con gran número de nuevos bombarderos cuatrimotores (modelos británicos Lancaster y Halifax, y americanos B-17), y a lo largo de 1942 se ha aprendido mucho en técnicas de navegación aérea y neutralización de la defensa enemiga.

  Los grandes bombarderos pesados de 1943: el Lancaster británico y el B-17 norteamericano

  El poder industrial podría aplicarse aquí con un coste humano inferior que organizando desembarcos de decenas de miles de soldados en regiones donde el éxito no está garantizado.

  Además, aunque Churchill no lo dice, hay otro motivo para adoptar esta estrategia de causar grandes estragos contra la población civil alemana: dificultar una salida negociada.

  Churchill es consciente del nivel de destrucción, de terror y de muerte que ocasionarán los bombardeos de zona. Los alemanes tratarán de vengarse y el odio que surja de la escalada de represalias dificultará una posible solución política en caso de que comience a dar la impresión de que la guerra va a hacerse interminable. Porque se sospecha ya que los norteamericanos, si no ven resultados pronto, y siendo 1944 un año electoral, quizá busquen poner fin a la guerra contra Alemania de forma negociada. La opinión pública estadounidense está mucho más interesada en ganar la guerra a los japoneses que a los alemanes. ¿Y si los norteamericanos empiezan a temer que por buscar la victoria en Europa se pierde la victoria en el Pacífico? ¿Y si los japoneses contribuyen a la destrucción de Rusia y con ello implican a Alemania directamente en la guerra del Pacifico? Si los rusos pueden enviar ejércitos a Extremo Oriente por el Transiberiano, los alemanes, una vez dueños de Rusia, mediante la conquista o el mero vasallaje, también podrán hacerlo. Y entonces Japón no podrá ser derrotado nunca. Hay que hacerles entender también a quienes buscan por encima de todo la derrota de Japón que también por eso es preciso que Rusia siga luchando.

  Con todo, aunque en la conferencia se aprueba continuar con los planes de grandes ofensivas de bombardeo aéreo contra las ciudades alemanas, se oye también alguna objeción. Si los alemanes querrán vengarse de lo que les espera, ¿no serán ellos, los que han tomado la decisión, aquellos a quienes, tras la derrota, se hará responsable de lo que puede llegar a ser su venganza? Porque con el Mediterráneo cerrado y los rusos ya tambaleándose, no hay garantías de victoria. Hitler puede ganar. Y si se destruyen sus ciudades durante la primavera y el verano de 1943, su pueblo le exigirá venganza contra Inglaterra... ¿No es ése un riesgo a tener en cuenta?

  Churchill zanja la discusión, argumentando que el mayor riesgo no es sufrir la venganza alemana por los bombardeos aéreos que vendrán, sino que el mayor riesgo es no ganar, y que no pueden perder tiempo especulando acerca de a qué tipo de derrota habrán de enfrentarse si todo va mal. No se ganan así las guerras...

     El 24 de enero de 1943 ha terminado la conferencia de las Azores. Mientras que para entonces ya se han conquistado las dos nuevas posiciones estratégicas en el Sahara Occidental (Villa Cisneros y El Aiuun), Roosevelt y Churchill están de acuerdo en que, de momento, la gran ofensiva de bombardeos nocturnos es la mejor forma de demostrar el poder aliado, dando muestras de una innegable superioridad. Las diversas técnicas de bombardeo aéreo contra los objetivos industriales serán corregidas a medida que pase el tiempo, pero se cuenta ya con los recursos materiales, que no harán sino incrementarse, y se cuenta, sobre todo, con la determinación de ejecutar el esfuerzo sin vacilación alguna.

  Significará un gran gasto de material, pero las incursiones serán victoriosas y a un coste humano aceptable. Nunca faltan jóvenes voluntarios para vestir el uniforme de oficial que les permite pilotar los bombarderos.

  Para Churchill, quizá lo peor es que tampoco ha conseguido uno de sus principales objetivos políticos: una declaración conjunta a favor de que la rendición incondicional alemana sea el único fin aceptable de la guerra.

   Tras ver rechazado el "“Husky"” en Gibraltar, Churchill, a lo largo de los días siguientes de la reunión en las Azores, se verá complacido con los preparativos para el nuevo "“Husky"” en el sur de Marruecos y con el apoyo absoluto de los Estados Unidos a la gran ofensiva aliada de bombardeo. Para la primavera de 1943, Roosevelt considera que toda la poderosa 8 Fuerza Aérea norteamericana, que fue vital en el tremendo castigo realizado sobre la isla de Gran Canaria, podrá situarse en el sur de Gran Bretaña. Los aviones B-17 permitirían realizar bombardeos diurnos (de precisión) contra objetivos industriales vitales dentro de Alemania, mientras los bombarderos británicos ejecutarán terribles "bombardeos de zona" nocturnos con bombas incendiarias, destruyendo las ciudades industriales alemanas una a una y causando una gran mortandad entre la población civil: odio asegurado.

  Los meses que siguen a la conferencia de las Azores son de paciente espera a medida que la industria pone a disposición de los jefes militares aliados recursos gigantescos de una capacidad que sorprende a sus mismos gestores. También se pone a prueba el poder y la eficiencia de la gran organización logística de los angloamericanos para mover armas y hombres a través de los océanos. En febrero de 1943 los norteamericanos comienzan la fabricación masiva de los “Liberty Ships”, buques mercantes baratos y eficaces que permitirán mover las ingentes cantidades de armas, hombres y todo tipo de suministros a lo largo y ancho del mundo entero.

El buque mercante "Liberty Ship": asombroso logro de la industria norteamericana. Podían transportar diez mil toneladas de mercancías y solo se tardaba un mes y medio en construir uno de ellos.


  En total, los angloamericanos mantienen nada menos que tres frentes abiertos contra los alemanes: al sur de Marruecos, al sur de Egipto y en Próximo Oriente,… y es vital que tampoco falten los suministros a la Unión Soviética que llegan también por tres rutas distintas (Persia, Murmansk y Siberia Oriental).

  Pero son los cazas y bombarderos, producidos en masa, los que suponen un arma ofensiva cuyo poder, se espera, acabará forzando a los alemanes a rendirse. Si su industria es arrasada, sus recursos aéreos y artilleros desplazados, y su población aterrorizada, la victoria es perfectamente posible.

  El 15 de abril de 1943 se arrasa Stuttgart, en el sur de Alemania. En mayo se ataca las presas del Ruhr, a finales de mayo se destruye Wuppertal, también en la zona industrial del Ruhr.

  A finales de julio de 1943, la RAF consigue su mayor éxito al arrasar Hamburgo sobre todo con bombas incendiarias. La ciudad es totalmente destruida a una escala jamás vista. Más tarde se sabrá que cuarenta mil personas han muerto en el ataque.

  El desastre tendrá consecuencias en la reorganización de la industria militar alemana a la hora de hacer uso de los recursos económicos conquistados en el Mar Negro.

Ooo

  Durante muchos meses de 1942 y 1943, los cerebros estratégicos angloamericanos estuvieron sopesando todas las alternativas viables para crear el “segundo frente” contra los nazis en Europa. El principal objetivo era siempre aliviar la terrible presión que sufría el Ejército soviético. La impaciencia e incluso la ira de Stalin al respecto eran comprensibles, y la historia nos las ha testimoniado sobre todo en los relatos de la visita de Churchill a Moscú en agosto de 1942. 

  Tanto en la realidad como en esta historia alternativa, Churchill salió del paso ofreciendo a Rusia una ofensiva aérea de bombardeo y algunos ataques periféricos en el norte de África. Churchill también recordó a Stalin que la amenaza de invasión de la costa francesa forzaba a los alemanes a mantener allí alrededor de treinta divisiones.

   Finalmente, las operaciones casi simultáneas de la gran ofensiva británica en El Alamein y el desembarco “"Torch"” en el norte de África fueron un éxito, y en los meses siguientes se forzaría a los alemanes a enviar recursos valiosos a la zona. Incluso lograron provocar un desastre para el ejército nazi comparable al de Stalingrado: la rendición de todo el 5 Panzerarmee alemán en Túnez, en mayo de 1943.

  En esta historia alternativa, la que en la realidad fue la "Conferencia de Casablanca" tiene ahora lugar en las Azores, pero en ella igualmente se fijan los objetivos -realistas- de la contribución angloamericana a la lucha contra Hitler. Lo que no se puede conseguir bajo las circunstancias descritas en esta historia es una declaración de que se va a luchar hasta conseguir la "rendición incondicional" enemiga, ya que los hechos de armas no apoyan una actitud en ese sentido: Rommel no ha sido derrotado y los franceses de África del Norte no se han pasado al bando aliado. En lugar de eso, el Mediterráneo está cerrado y los franceses han firmado una alianza con el Eje, de modo que los ataques periféricos aliados se desarrollarían de forma diferente (no se podría cortar los suministros alemanes con tanta eficacia, que fue lo que permitió las victorias angloamericanas en El Alamein y Túnez) y solo pueden esperarse éxitos modestos, en el mejor de los casos, tal como se ha mostrado en este episodio de la historia alternativa, siempre ateniéndonos al principio de que, para hacer la historia más verosímil, los aliados no deben cometer errores y los alemanes no cometerán más errores de los que en la realidad hicieron.

  Las que no pueden cambiar son las condiciones para la gran ofensiva aliada de bombardeo sobre Alemania. Durante 1942, mientras grandes contingentes aéreos alemanes se concentraban para las ofensivas en Rusia y el Norte de África (donde era posible para la Luftwaffe lograr momentáneamente la supremacía), los británicos fueron capaces de organizar grandes operaciones que, en el caso del ataque a Colonia, en mayo de 1942, alcanzaron la cifra de mil unidades de aviones bombarderos (en 1941, la Luftwaffe nunca logró concentrar más de setecientos bombarderos sobre Inglaterra, y se trataba de bombarderos de menor capacidad).

  En esta historia alternativa, pues, la situación sería la misma en la guerra aérea sobre Europa, al menos durante 1943, y la gran campaña del Ruhr, que se suele considerar comenzada en febrero de ese año, culminaría igualmente en la destrucción de Hamburgo, en agosto, con sus cuarenta mil muertos civiles, la más alta cifra de víctimas en una operación de bombardeo aéreo durante toda la guerra en Europa.

  Aunque estas destrucciones han sido muy censuradas desde el punto de vista moral, no cabe duda de que contribuyeron a la victoria aliada: lograron retrasar el relanzamiento de la industria militar alemana, forzaron a los alemanes a destinar aviones y artillería antiaérea a la defensa del suelo patrio, en lugar de destinarlos a funciones ofensivas (los cañones antiaéreos eran muy eficaces también como antitanques), y subieron la moral de los atacantes, porque consideraban, con cierto grado de razón, que si los alemanes no eran capaces de defender sus propias ciudades, era imposible entonces que pudieran ganar la guerra. En lo que no tuvieron éxito fue en bajar la moral combatiente de Alemania, que era una de las consideraciones que convenció a los dirigentes británicos: estos esperaban que, al igual que sucedió durante la guerra anterior, las penurias sufridas en el frente interno acabarían llevando a una sublevación con el fin de hacer la paz casi a cualquier precio. Sin embargo, en la Alemania nazi ninguna sublevación popular fue siquiera intentada.

  En esta historia alternativa, las consecuencias de la campaña de bombardeo de 1943 tendrán, por fuerza, que ser diferentes, aunque nadie podría negar que la decisión aliada hubiera obedecido igualmente a unos argumentos razonables dentro de la lógica de una guerra moralmente embrutecedora.

  En cualquier caso, en esta historia alternativa la moral alemana estará siempre más alta de lo que lo estuvo por estos tiempos en la realidad porque, a pesar de los bombardeos enemigos sobre sus ciudades y el racionamiento, los alemanes creen saber que están ganando la guerra, dado que mantienen los avances del verano de 1942 y que en ningún punto se han visto sometidos a un retroceso apreciable. Además, mientras que en la realidad de 1943 los nazis iban perdiendo un aliado tras otro (los primeros, los italianos, pero no fueron los únicos), ahora, lógicamente, los están ganando: primero, los españoles (imprescindibles para cerrar el Mediterráneo), después los egipcios, luego los franceses y los búlgaros. Y nadie puede negar que han conquistado los campos petrolíferos de Maikop (en el Cáucaso) y Hurghada (en Egipto), y que mantienen la conexión Mediterráneo-Mar Negro que puede ser usada como vía comercial y de suministros. Los alemanes pueden incluso creer que la guerra acabará a finales de 1943.

  Por lo tanto, ni los bombardeos aéreos masivos, ni la persistente escasez de alimentos, ni la prolongación de la guerra pueden aportar un detrimento moral de la opinión pública alemana. De hecho, las catástrofes experimentadas por los alemanes en la realidad de 1943 tampoco supusieron un factor esencial en la disposición alemana para continuar la guerra. Aunque sí afectaron la actitud de naciones como Italia y Francia, y esto sí tuvo repercusión.

  Queda señalar una posible objeción que se habría podido escuchar durante el planteamiento de la gran ofensiva de bombardeo sobre las ciudades alemanas de 1943 y que se ha incluido en esta historia: el miedo a las posibles represalias alemanas. Como sabemos, en la realidad, en el periodo que va desde cuando comienza la "campaña del Ruhr", en febrero de 1943, hasta la catástrofe de Hamburgo ya a finales de julio, Alemania ya estaba claramente perdiendo la guerra: a primeros de febrero, la rendición del 6 Armee en Stalingrado, y en mayo, el desastre de Túnez. Un enemigo ya condenado a la derrota no era de temer que pudiera vengarse del daño que se le hacía para forzarlo a la rendición. Pero ¿y si hubiera existido la posibilidad cierta de que tal derrota no iba a producirse? Tal vez los aliados se lo hubieran pensado dos veces antes de desatar tan tremendo castigo. 

martes, 22 de abril de 2014

16. Marruecos en la guerra

  Los agentes alemanes siempre alentaron a los movimientos antiimperialistas de los países árabes en tanto que opuesto al colonialismo inglés y francés. En ese sentido, las doctrinas raciales nazis -tanto árabes como judíos son semitas- siempre eran puestas en un pragmático segundo plano. Con la entrada en la guerra de España y Francia del lado nazi, sin embargo, se corre el riesgo de encontrarse con una oposición de intereses, ya que puede temerse que los alemanes se muestren partidarios de las dos naciones colonialistas en detrimento de los árabes colonizados.



  Pero el caso es que Rommel ha “liberado” Egipto del intervencionismo británico, y, por tanto ¿no podría aprovecharse esta circunstancia también en otras naciones? De hecho, aún debe seguir la guerra en Próximo Oriente, y el líder árabe y musulmán de Palestina, Amin el Husseini, fieramente opuesto a los colonos judíos, es un activo partidario de Hitler.

   El mariscal Kesselring, que desde junio de 1942 se ha instalado en Madrid, y se ha convertido en el principal dirigente nazi, tanto militar como político, en la zona del extremo occidental del sur de Europa y el norte de África, se entrevista con frecuencia con los agentes alemanes en Marruecos, como el cónsul Richter o el general von Wulisch. Puesto que la primera decisión de Hitler relativa a Marruecos ha sido ampliar el protectorado español a costa del protectorado francés, no parecería que el nacionalismo árabe fuese a beneficiarse mucho de la intervención nazi, pero las muy meditadas órdenes de Berlín van en el sentido de alentar a los marroquíes con vistas a que, como mínimo, y siempre y cuando colaboren, al final de la guerra Marruecos (y Túnez) recibirán la plena independencia como naciones aliadas del Reich (de Argelia, departamento francés, no debe decirse nada aún). España y Francia ya recibirán las debidas compensaciones por ello.

   En la conferencia de Florencia, a finales de junio de 1942, se ha establecido algo no muy tajante acerca de la libertad de las naciones árabes, pero sin precisar para nada que vaya a desaparecer el dominio europeo en el norte de África bajo control francés, italiano y español (de lo que se trata en ese momento es de alentar a los egipcios y a los árabes de Próximo Oriente), aunque sí se parte del principio de que los británicos van a ser expulsados de toda África, lo que pondría a disposición de alemanes, italianos y españoles inmensas extensiones de territorio colonial (en tierras no árabes). Y ya en 1940 se había especulado que Francia podía ser compensada de pérdidas en el norte de África con cesiones de grandes territorios anteriormente británicos al sur del Sahara. Así que, de modo parecido, es viable que Marruecos, por lo menos, recupere la plena independencia si franceses y españoles consienten en ello a cambio de compensaciones sustanciosas.

  A favor de este punto de vista pueden estar los mismos españoles: aunque para ellos ha sido muy importante la ampliación de su protectorado en el mismo instante de la entrada en la guerra (sobre todo para imponerse públicamente a los franceses), los españoles ya antes consideraban viable una independencia nominal de Marruecos, siempre y cuando ellos mantuviesen el control efectivo de esta nación, de la misma manera que sucedía con el Egipto independiente de entonces, bajo el poder británico efectivo.

   Con ideas de esta clase, Kesselring mantiene a la expectativa tanto al sultán como a los jóvenes nacionalistas marroquíes surgidos de las primeras clases medias nativas. Además, el fin de la guerra, después del cierre del Mediterráneo, se piensa que puede estar cerca, a finales del mismo año 1942. Para entonces podría quedar resuelta la cuestión del fin del Protectorado franco-español en Marruecos.

   Sin embargo, hacia octubre de 1942, los bombardeos aéreos británicos desde sus nuevas bases en Madeira y Azores, que alcanzan tanto las islas Canarias (que los británicos ya intentaron capturar en julio) como las ciudades marroquíes (Protectorado español), obligan a replantearse las posibilidades de acuerdo, pues la amenaza de un desembarco aliado es cada vez mayor, y los franceses ya están en la guerra del bando nazi…, aunque sea solo contra los soviéticos (de hecho, todavía en el mes de octubre logra llegar algún buque cargado de “ayuda humanitaria” norteamericana a Casablanca, el pago mediante el cual los angloamericanos prolongan lo que queda de la neutralidad francesa).

  Kesselring decide entrevistarse con el sultán por estas fechas. La entrevista tiene lugar en Tanger, bajo protectorado español. Siguiendo instrucciones de Berlin, el mariscal alemán informa al sultán de que, si la guerra se alarga, el Führer contempla la posibilidad de impulsar la plena independencia de Marruecos y Túnez antes del fin de ésta, siempre y cuando se den determinadas condiciones: el respeto a los intereses económicos de las potencias del Eje en Marruecos, la contribución militar de la brava infantería marroquí en la lucha contra los aliados, el envío de obreros marroquíes a Europa y la no intervención del nacionalismo árabe en los departamentos franceses de Argelia. El mensaje llega pronto a todos los nacionalistas marroquíes, y a finales de noviembre las circunstancias se precipitan: en contra de muchas previsiones, los angloamericanos han vencido en las islas Canarias debido a que la Luftwaffe, volcada en la crisis de Stalingrado, no ha podido alejar a los buques de suministros aliados de las islas, y la resistencia española y alemana ha acabado sucumbiendo bajo la potencia de fuego de los barcos, tanques y aviones anglonorteamericanos.

   Aunque los marroquíes no participan en la conferencia de Barcelona que se celebra unos pocos días después y a la que asiste el mismísimo Hitler (a pesar de transcurrir durante la crisis de Stalingrado), Kesselring logra imponer a España y Francia el reconocimiento de la plena independencia del Reino de Marruecos bajo las condiciones ya determinadas. En el trato, España recibe, a cambio de consentir el fin del Protectorado en el norte de Marruecos (que no incluye las ciudades de Ceuta y Melilla), Portugal e inmensas colonias africanas (aunque, de momento, éstas se encuentran bajo control aliado por las circunstancias de la guerra); los franceses, por su parte, no están en condiciones de presentar oposición a su pérdida -todavía mayor en Marruecos que la sufrida por los españoles-, pues tienen mucho en juego y nada que ganar si rompen su alianza con el Eje justo en el momento en el que los aliados han conquistado Dakar, y París ha declarado la guerra a Gran Bretaña y los Estados Unidos. La solución para Francia será el recibir las enormes compensaciones coloniales en el África negra de las que ya se había hablado, una vez acabada la conflagración. En Barcelona se precisa con un mapa el botín exacto que corresponde a cada cual. El imperio francés seguirá siendo muy grande, y buena parte de los intereses económicos franceses en Marruecos y Túnez se verán preservados por las garantías alemanas.

   La noticia de la independencia de Marruecos no se conoce hasta el 16 de diciembre de 1942, el mismo día que los españoles proclaman a los cuatro vientos la unificación de la península española al anexionarse Portugal. En España se ve con claridad que Portugal, su Imperio y las recompensas africanas adicionales (Camerún y Rhodesia del Norte), bien valen más que el pequeño protectorado del norte de Marruecos que, pese a la ampliación del mes de junio, contaba con apenas un millón de habitantes.



  Francia guarda silencio sobre la gran pérdida y las aún inalcanzables compensaciones, pero, en el fondo, la población francesa está aliviada de alejarse de Marruecos cuando los aliados ya han llegado a las Canarias y al Sahara occidental. Eso significa que los jóvenes franceses no tendrán que luchar por intereses de tipo imperial. El petainismo, hasta cierto punto antibelicista, vigila mucho esta cuestión: se ha prometido que los soldados franceses solo estarán obligados a dar sus vidas por la defensa de la Francia continental. Por otra parte, la proclama de la independencia provoca euforia en las ciudades de Marruecos, pero el sultán y los dirigentes nacionalistas cumplen lo pactado con los alemanes: se respetarán los intereses franceses (excepto en la cuestión de la propiedad de la tierra) y se luchará del lado alemán.


Tropas marroquíes durante la segunda guerra mundial. Fueron muy valoradas como infantería de asalto.


   Para Kesselring, que visita Rabat a finales de diciembre de 1942, lo esencial es poner en marcha el nuevo ejército marroquí, sobre todo ahora que los aliados han llegado ya al norte del Sahara occidental con el evidente objetivo de apoderarse de los aeródromos de Cabo Juby e Ifni, y seguir el avance hacia el mismo Gibraltar (donde todavía resiste la guarnición británica). El nuevo ejército marroquí, según los cálculos de los estrategas alemanes, franceses y españoles (supervisados por Kesselring) no tiene por qué ser muy numeroso. Marruecos cuenta con unos ocho millones de habitantes, y españoles y franceses han movilizado ya, en sus ejércitos coloniales, a más de doscientos mil uniformados. Considerando las existencias de armamento disponible en la Europa del Eje, diez buenas divisiones de infantería marroquí son más que suficiente para las necesidades del momento (durante la primera parte de la guerra, Marruecos envió 90.000 soldados a Francia para luchar contra los alemanes). Al mando del nuevo ejército nacional del Reino de Marruecos está el único general marroquí del momento: Mohamed Mizziam, un veterano de la guerra civil española.

  Un problema es que, para un ejército de diez divisiones, faltan muchos oficiales y suboficiales, de modo que españoles y franceses tienen que colaborar también en mantener todos estos mandos, mientras centenares de nativos reciben preparación urgente para los correspondientes ascensos. Kesselring considera que el nuevo ejército marroquí puede contar con seis divisiones originadas por el antiguo ejército colonial francés y otras cuatro originadas por el español. Pero los marroquíes reclaman asesores militares alemanes, cosa que a estos no deja de resultarles halagador, si bien tampoco se trata de un deseo tan fácil de cumplir. Muchos de los instructores y asesores alemanes que son enviados a Marruecos a partir de diciembre de 1942 habrán trabajado hasta hace poco instruyendo y asesorando el nuevo ejército egipcio (aunque el idioma árabe es diferente en uno y en otro país).

   A finales de 1942, el nuevo “Ejército de Marruecos” del Eje, que se sitúa apresuradamente al sur del país frente a las tropas británicas que se han establecido en el pequeño puerto de El Aiuun -costa norte del Sáhara español-, cuenta ya desde el primer momento con tres divisiones de infantería perfectamente armadas y pertrechadas.



   El mando de todo el ejército en formación (marroquí, alemán y español) se le da al general español Yagüe, y quedarían subordinados a él un general alemán (von Arnim), otro general español (comandante de Cuerpo, general Barrón) y un general francés del antiguo ejército colonial (Juin), el cual tendría el mando táctico de las tropas del país recientemente independizado… aunque básicamente se trate del mismo ejército colonial francés rebautizado como ejército nacional marroquí. En total, el ejército de Marruecos tiene en vanguardia (en el sur) la división 15 de infantería alemana y la "Hermann Goering" motorizada, más las tres divisiones marroquíes y otras tres de infantería española.

  Tras la ruptura del cerco de Stalingrado, hacia Navidad, Hitler acepta que se envíe a Marruecos una de las nuevas divisiones Panzer que se está formando, la 28 Panzer, que llegará a la línea de combate en marzo de 1943. La formación de este "ejército  de Marruecos" tan variopinto es una preocupación primordial de Franco y Kesselring. De hecho, Franco mismo viaja hasta el sur de Marruecos a mediados de enero para pasarle revista. El ferrocarril llega hasta Marrakech, y desde allí se han habilitado carreteras que llegan a las posiciones que defienden los vitales aeródromos próximos a las islas Canarias.



   No hay duda alguna de que los angloamericanos se están concentrando en el desierto y no se descarta un desembarco de flanqueo una vez hayan acumulado la fuerza suficiente. Por eso, a su vez, es preciso reforzar más y más la posición del Eje.

  Cuando llega Franco, la división "Hermann Goering"” es la líder indiscutible del ejército a las órdenes de Yagüe y está acompañada por la 15 InfanterieDivision alemana. Franco queda satisfecho y considera que, si no cesa el envío de suministros y refuerzos, los angloamericanos nunca llegarán al estrecho de Gibraltar por ese largo y tortuoso camino. Pero también hay que proteger la costa al norte. Ahí se desplegarán las otras siete divisiones marroquíes y algunas españolas. Incluso la 327 ID alemana permanecerá en la zona de Tanger, ya que Kesselring considera que la situación de asedio de la guarnición británica atrapada en Gibraltar podría impulsar a Churchill a intentar un golpe a gran escala. Sería una magnífica oportunidad para destrozarlos de nuevo en otro combate parecido al que se produjo en agosto de 1942 en Dieppe.

   Tras inspeccionar las fuerzas al sur de Marruecos, Franco, acompañado de Kesselring, se entrevista en Rabat con el sultán. Hay muchos temas que tratar, pero el sultán y sus políticos, bien asesorados por sus admirados alemanes, se muestran relativamente dóciles. Para ellos está claro que dependen por completo de Alemania y que Alemania necesita más de los españoles y franceses que de los árabes. Hay alguna discusión sobre la cuestión de la propiedad de las tierras y la exportación de productos agrícolas, pero más acuerdo en lo que se refiere a los cien mil obreros marroquíes que Alemania reclama y en la exportación de fertilizantes.

   Por su parte, el bey de Túnez es aún más dócil, dada la situación geográfica de su pequeño país. Túnez también enviará cincuenta mil obreros a Alemania, productos agrícolas y formará una división de infantería de voluntarios que esperan participar en la liberación de Jerusalén o La Meca.

   En Argelia, el almirante Darlan, el jefe efectivo del ejército francés, supervisa las dos principales empresas con que cuenta Francia para recuperar su prestigio como potencia colonial: la construcción del ferrocarril transahariano y el nuevo ejército de mercenarios que pretende alcanzar el número de diez divisiones, un ejército en el que el idioma ruso será habitual, pues por lo menos una quinta parte de su tropa son antiguos prisioneros de guerra soviéticos especialmente seleccionados. Darlan sabe que para finales de 1943 los oficiales franceses veteranos de la Legión Extranjera (entre quienes no faltan los "rusos blancos") habrán convertido a estos hombres en tropas de una eficacia comparable a la de los soldados de Rommel. Con ellos Francia conquistará un imperio colonial más grande y más rico que el que tenían antes de que empezara la guerra y, sobre todo, Francia recuperará su prestigio en una Europa donde los valores guerreros son ahora los que dominan el escenario político.

   Kesselring no se engaña, sin embargo, con el hecho de que toda esta actividad, de momento, no implica acción ofensiva alguna de las fuerzas del Eje en el escenario africano: todo es defensivo. Considerando que se trata de la región ultramarina geográficamente más expuesta a los impresionantes recursos militares y logísticos de los Estados Unidos, lo lógico es pensar que será en esa zona donde los angloamericanos traten de dar su segundo golpe después de su éxito en la conquista de las Islas Canarias (y Dakar, y el Sahara occidental). Pero eso les llevará tiempo. Kesselring sabe que los angloamericanos temen a las tropas alemanas y por eso concentrarán primero un inmenso poder aéreo y naval, más un ejército pertrechado al máximo y que supere numéricamente a sus oponentes. ¿Cuánto tiempo podrá llevarles eso?

  Solo a finales de diciembre los aliados han establecido su primera base en el diminuto puerto de El Aiuun, al sur de Marruecos, así que no es probable que se atrevan a hacer nada antes de seis meses a partir de ese momento. Los inconvenientes logísticos son inmensos y los ingenieros americanos son eficaces, pero no son magos. Todo lo que Kesselring tiene que hacer, por tanto, es no dormirse, obtener todos los recursos que pueda de Hitler y procurar que la compleja amalgama de alemanes, marroquíes, españoles y franceses logre funcionar sin grandes problemas.

   Ooo

     En la realidad, España y Francia aceptaron sin muchas objeciones la plena independencia de Marruecos en 1956. Lo hicieron porque se trataba de una exigencia de las dos superpotencias, y lo hicieron aun sabiendo que la ideología tercermundista y antioccidental haría imposible que continuase, siquiera en parte, la explotación económica neocolonial. Negocios, hubo, desde luego, pero fueron negocios diferentes a los que detentaban los anteriores colonialistas. 

   En esta historia alternativa, la independencia de Marruecos es una exigencia del poder nazi, ante el cual ni España ni Francia pueden rebelarse. No se trata solo del poder militar alemán, sino también del poder económico: los alemanes son los dueños del Mar Negro, y allí se encuentra el petróleo, el carbón y el trigo que necesitan los países del Mediterráneo. Pero la pérdida del Protectorado hubiera sido más aceptable de lo que lo fue en la realidad, y ni siquiera hubiera ido en detrimento de la soberbia imperialista de estas naciones del Eje, al ir aparejada de grandes compensaciones territoriales al sur del Sáhara y garantizándose además que los perjuicios económicos serían escasos en lo que a la explotación económica de Marruecos se refiere. Por otra parte, España en este momento anexiona Portugal y alcanza con ello un éxito espectacular a la hora de demostrar poder e incluso brutalidad.

   En el plano estratégico del momento, convertido el desértico sur de Marruecos en frente de guerra tras la caída de las islas Canarias, la presencia de tropas alemanas (obviamente admiradas por los nacionalistas marroquíes) hubiera supuesto un control total de la situación por parte de estos. Esto también hubiera permitido que, con la única excepción de la propiedad de la tierra, los franceses pudiesen conservar casi todos sus privilegios económicos. Solo gradualmente se habría impuesto una administración eficaz a cargo de marroquíes. Otro factor a tener en cuenta es que en el ejército colonial no había apenas oficiales nativos, de modo que los mandos franceses iban a seguir siendo necesarios en el nuevo ejército marroquí durante algún tiempo.

   Este ejército a las órdenes del sultán ha de ser, sobre todo, de la conveniencia de Alemania, pues los marroquíes, bien mandados por oficiales franceses, demostraron en la segunda guerra mundial ser soldados de infantería eficaces y los estrategas nazis no descuidaban nunca el buen uso de la infantería. En la realidad, los marroquíes lucharon para los aliados, pero lo hubieran hecho igual o mejor al servicio de Hitler. En esta historia, reduciendo el ejército marroquí a diez divisiones (sólo tres en contacto con el enemigo, al sur) se logra con ello hacerlo manejable y armarlo suficientemente. El resto de la población marroquí puede dedicarse a las tareas agrícolas y probablemente dos o tres cientos de miles de trabajadores hubieran podido marchar a Europa (sobre todo a Alemania, pero también a España…). De esta forma, en la primavera de 1943 de este curso alternativo de la historia, los alemanes logran establecer un gran cinturón de seguridad en torno al mar Mediterráneo, tanto al Oeste como al Este. 

   En el cuadro general estratégico, al Oeste se tendría a Francia, desarrollándose económicamente para defenderse a sí misma y recuperar su imperio colonial africano, y que coopera también en la lucha contra los rusos; más al sur, España, que ocuparía la costa de Portugal, controlaría el estrecho de Gibraltar y cooperaría en la defensa de Marruecos (y también en la lucha contra los rusos); ya en África, el joven Reino de Marruecos, con su barbarie y su miseria, pero también con una geografía apropiada para la defensa y su propia infantería suficientemente armada, entrenada y dirigida. A esto se suma la Luftwaffe, con ayuda de la aviación italiana y la española (que iría recibiendo nuevos aviones y cuyos pilotos se irían formando gradualmente en su manejo), la Marina (alemana e italiana) y un puñado de divisiones alemanas (cinco) que ayudan a sostener todo el conjunto, más que suficiente para detener a las tropas angloamericanas que para esta época podían movilizarse y que eran aún bastante inexpertas. 

   Al Este del Mediterráneo, Egipto, otro país pobre, pero con el doble de habitantes que Marruecos, con un ejército, por lo tanto, el doble de grande, más un numeroso ejército italiano (de diez o doce divisiones)… y el temible ejército Panzer de Rommel. Y Turquía, que, incluso manteniéndose aún neutral, ha de suponer una amenaza constante para los aliados, tanto soviéticos como angloamericanos. El Mediterráneo, cerrado, permite asimismo las operaciones anfibias y el suministro para cualquier fuerza del Eje que en cualquier momento pudiese invadir Palestina, lo que obligaría a los aliados a desplegar más tropas en sus costas.

   La única posibilidad de que los alemanes no ganasen la guerra ese año de 1943 sería que la aviación aliada mantuviera la supremacía. Y que los generales aliados no cometiesen ningún error. Ésa es la situación que se describe en esta historia.

martes, 15 de abril de 2014

15. Victoria nazi en Stalingrado

   La impresionante noticia de que dos grupos de ejércitos soviéticos han rodeado a todo el 6 Armee que lucha en Stalingrado impacta a Hitler tanto como a sus generales y al resto de la opinión pública mundial. Nadie tenía ni idea de que los soviéticos, duramente golpeados durante el verano, iban a ser capaces en el otoño de poner en marcha una maquinaría bélica semejante. Los informes que llegan hablan de que cientos y cientos de tanques soviéticos modernos han arrollado a los dos débiles ejércitos rumanos que guarnecían los flancos (al norte y al sur) del 6 Armee, y que los rusos incrementan su fuerza día a día.

  El 22 de noviembre de 1942, Hitler está otra vez al mando en el cuartel general de Rastenburg. Al mariscal Manstein, que ha diseñado la espectacular operación del Mar Negro, se le ordena que vaya de inmediato desde Leningrado (donde no ha conseguido hacer caer la ciudad cercada) a hacerse cargo de la operación de rescate y quedar a cargo del recientemente creado “Grupo de ejércitos del Don”, básicamente el 4 Panzerarmee y varios elementos dispersos a los que se sumará lo que pueda ser trasladado desde otros frentes para resolver la crisis.

  Aunque todo es bastante sorprendente, la situación originada por la ofensiva soviética del 19 de noviembre de 1942 no hace que Hitler tema una catástrofe. Considera que mucho más difícil había sido la situación en diciembre del año anterior, cuando la contraofensiva soviética encontró a los ejércitos alemanes aislados en medio de los campos nevados en la antesala de Moscú, mientras que ahora toda la región del Cáucaso y el Mar Negro está conectada mediante ferrocarriles con los puertos, y se dispone de reservas blindadas a las que se ha dado la orden de movilización inmediata. En tanto que la operación de ruptura del cerco se pone en marcha y se ejecuta, la Luftwaffe tendrá que abastecer mediante transporte aéreo a los trescientos mil soldados incomunicados. En la primavera anterior se había hecho algo parecido en Demyansk, en el norte de Rusia, aunque entonces el número de soldados alemanes sin rutas terrestres de abastecimiento había sido tres veces menor…. En realidad, al cabo de pocos días se evidencia que el abastecimiento aéreo a Stalingrado resulta muy insuficiente, lo que hace disminuir rápidamente la capacidad combativa del ejército cercado.

   Cuando Manstein asume el mando en el sector sur del frente ruso envía informes nada complacientes a Hitler y urge a tomar medidas drásticas. Para Manstein, la conquista del resto del Cáucaso debe suspenderse hasta el verano siguiente y, de inmediato, los tres ejércitos nazis que allí luchan (el 1 Panzerarmee y los 12 y 17 Armee) deben replegarse sobre los puertos del Mar Negro y enviar desde ellos a sus mejores divisiones a la operación de ruptura de cerco. No se trata solo de salvar al 6 Armee o, en todo caso, de librarles de una ignominiosa retirada (abandonando armas pesadas y a los heridos), sino de que los rusos sin duda van a concentrar en esa zona lo mejor de sus fuerzas y, por lo tanto, lo más oportuno que los del Eje podrán hacer durante el invierno será derrotarlas en una batalla de desgaste.

   El primer movimiento que solicita Manstein, con independencia del envío urgente desde Francia y Alemania de las unidades blindadas de reserva, es la retirada del Cáucaso de la 5 división Panzer (del 1 Panzerarmee) y el envío de por lo menos tres buenas divisiones de infantería con capacidad ofensiva: propone la división anfibia “Seelöwe (de descanso en Crimea)”, la 1 de montaña alemana (del 17 Armee) y la división de montaña española (12 Armee). En una segunda tanda llegarían la 3 división Panzer (también del 1 Panzerarmee), las dos divisiones anfibias italianas, una división de montaña rumana y una división Jäger del 17 Armee. Después, finalmente, si la logística lo permite y si la situación sigue siendo grave, vendrían la Waffen-SS Wiking y todas las demás divisiones de reconocido valor combativo de las que pueda disponerse (pues los rusos presionan por todos lados). Los ejércitos del Cáucaso tendrían que limitarse a defender la frontera con Turquía en Batumi, los puertos de Poti, Sukhumi, Gagra y Sochi, y, sobre todo, la línea ferroviaria que desde los puertos de Tuapse y Novorossisk llega hasta Kotelnikovo, a menos de doscientos kilómetros de Stalingrado, el punto de partida de uno de los dos cuerpos blindados que Manstein organizará para romper el cerco. El avance hacia el interior del Cáucaso y el Mar Caspio, ya detenido por una vigorosa contraofensiva soviética local a pocos kilómetros de Ordzhonikidze (Vladikavkaz) que tuvo lugar a primeros de noviembre, debe revertir en una retirada parcial hasta Pyatigorsk, a poco menos de doscientos kilómetros de Armavir, que cuenta con comunicación ferroviaria. Este sector en torno a Pyatigorsk debe ser la base de una futura ofensiva de verano hasta el Caspio y hasta entonces debe ser defendido por las fuerzas del 1 Panzerarmee que no sean desplazadas hacia Stalingrado, pero mientras tanto habrá que abandonar localidades montañesas del centro del Cáucaso donde los nazis han hecho buenas amistades, sobre todo entre los pueblos musulmanes balkar y karachay, de modo que miles de nativos retroceden como refugiados por temor a represalias de los comunistas que regresan. 

   El día 25 de noviembre, cuando estas órdenes ya se han cursado, llega la noticia de otra gran ofensiva soviética en la zona en la que se encuentra el grupo de ejércitos alemán del centro (comandado por el mariscal Kluge). Por lo visto, intentan también cercar al 9 Armee (general Model), en el saliente de Rzhev.

                El ferrocarril que conectaba la gran base naval de Novorossisk con Stalingrado (a 680 kilómetros). Kotelnikovo estaba a 190 kilómetros de Stalingrado siguiendo esa misma vía.                

  Van llegando los detalles del desarrollo del plan de Manstein que Hitler sigue paso a paso en su cuartel general, causando la inevitable tensión con el general Zeitzler, el jefe de Estado Mayor del ejército alemán. Manstein formará, pues, dos cuerpos blindados que avanzarán cada uno por su propia línea ferroviaria hacia Stalingrado.

   El 48 Panzerkorps incluye una buena división, la 11 Panzer, y una serie de otras unidades reunidas apresuradamente, a las que gradualmente se sumarán algunas de las fuerzas que se retiran del Cáucaso, así como una de las tres divisiones anfibias, la italiana Nettuno (que aguardaba en Crimea ser trasladada a Egipto). Avanzarán por el ferrocarril que viene de Ucrania, y que es el mismo que abastece los aeródromos de Tatsinskaya y Morozovsk, desde los cuales los aviones de transporte abastecen a su vez al ejército cercado.

  El otro cuerpo blindado es el 57 Panzerkorps, que incluye a la 6 Panzer, recién llegada de su descanso y reorganización en Francia, y que avanzaría por el ferrocarril que viene de los dos puertos del Mar Negro (Novorossisk y Tuapse). Manstein sabe que tendrán que ponerse en marcha antes de que también pueda llegar la 7 Panzer desde Francia, y mientras tanto, incorpora a primeros de diciembre a la 5 Panzer que viene del Cáucaso, y un poco después a la 17 Panzer que viene del grupo centro (en cuanto la grave situación por la ofensiva soviética en Rzhev queda suficientemente aliviada). La infantería de apoyo en los flancos será rumana (del 4 ejército rumano, que ocupaba el flanco sur de Stalingrado y había sido duramente golpeado por la gran ofensiva rusa), pero se reforzará con las tropas de montaña que están llegando del Cáucaso, y con dos de las tres divisiones anfibias (la italiana San Marco y la alemana, la Seelöwe) que se encontraban reponiéndose en Crimea.

    En plenos preparativos, Hitler tiene que acudir a Barcelona, a la reunión de jefes de Estado para el reparto de África. Le fastidia alejarse del centro de toma de decisiones estratégicas, pero confía lo suficiente en sus subordinados como para aceptar que su papel político es más importante en este momento. Sale el 4 de diciembre del cuartel general de Rastenburg y el día 10 está de vuelta tras casi una semana de ausencia, aunque durante todo ese tiempo ha sido informado puntualmente de la marcha de las operaciones. Para el día 10, el convoy que transporta a la 7 Panzer desde el sur de Francia está navegando ya en el Mar Negro y muchas de las divisiones procedentes del Cáucaso se han incorporado a la acción en la zona de Stalingrado. El 48 Panzerkorps se ha enfrentado a un fuerte ataque soviético que lo ha inmovilizado temporalmente, de modo que Hitler confía más en el 57 Panzerkorps, que se abastece y refuerza con más facilidad mediante el ferrocarril que viene del Mar Negro. A primeros de diciembre también se ha completado la retirada parcial del centro del Cáucaso.

  El día 12 de diciembre de 1942 se pone en marcha por fin la contraofensiva del Eje para romper el cerco. Se le ha dado el nombre de "Tormenta de invierno", y ese mismo día llega a puerto el convoy que trae de Francia a la 7 Panzer. A toda prisa se comienza a transportar por ferrocarril las armas y vehículos. La mayor parte de los hombres han llegado antes mediante trenes rápidos que los han llevado hasta los puertos del Mar Negro Occidental (Constanza y Varna) y luego desde allí a bordo de mercantes ligeros hasta los puertos del Mar Negro Oriental. Desde Novorossisk y Tuapse sale un promedio de quince trenes diarios en dirección a Kotelnikovo. Una división de infantería necesita al menos treinta trenes para ser transportada, una división blindada, el doble, y, por supuesto, muchos más pertrechos han de ser enviados a la zona de combate cada día.

   El día 16 de diciembre de 1942, mientras el 57 Panzerkorps avanza (el 48 Panzerkorps sigue detenido por la fuerte resistencia de los rusos, aunque espera refuerzos para salir del atolladero), el Ejército soviético vuelve a desencadenar la ofensiva en otro sector. Esta vez es contra el ejército italiano del Don. Faltos de apoyo blindado, tres días más tarde seis de las diez divisiones italianas se derrumban, y los cuerpos de tanques rusos avanzan ahora hacia la retaguardia del mismo 48 Panzerkorps.

  El día 18, cuando recién se está confirmando el desastre del ejército italiano, el 57 Panzerkorps (que ha recibido ya el refuerzo de la 17 Panzer, la anfibia Seelöwe, una división de montaña alemana y la división española de montaña) se enfrenta duramente a los rusos que mantienen el cerco al 6 Armee de Stalingrado, a solo cincuenta kilómetros (el rio Myshkova) de donde los cercados se encuentran. La 6 Panzer es el ariete del avance y sufre un gran desgaste. Al ejército ruso 51 se está sumando ahora una nueva formación soviética muy poderosa, el 2 ejército de Guardias.

  Pero el día 21, Manstein consigue que se incorpore en la vanguardia del 57 Panzerkorps la recién llegada 7 división Panzer, fresca y perfectamente equipada. Manstein ordena que ataquen “desde dentro” del cerco las últimas unidades blindadas de Stalingrado que quedan con el último combustible que les queda. Con la 7 división Panzer en vanguardia más las tres divisiones de infantería que se han ido sumando desde otros escenarios (la anfibia Seelöwe antes del inicio de la ofensiva, el 12 de diciembre, la 1 de montaña el día 15 y la división española de montaña el 18) el 57 cuerpo Panzer logra la ruptura y, a gran costo, enfrentándose a algunas unidades rusas recién llegadas, avanza veinte kilómetros. El cuerpo XIV del 6 Armee de Stalingrado logra avanzar unos quince en sentido opuesto. Al día siguiente, el 22, toman el relevo en la vanguardia del cuerpo 57 las divisiones Panzer 6, 17 y 5 que se abren paso en los veinte kilómetros que faltan y el cerco se rompe.

  Se contiene la euforia en el cuartel general de Rastenburg, aunque la prensa y la radio alemanas dan la noticia de inmediato. Ahora hay que defender el nuevo vínculo entre los que acaban de dejar de estar cercados y los rescatadores. En medio de una atroz climatología, de hielo y ventiscas, los trenes siguen transportando refuerzos y suministros. Tampoco se detiene el puente aéreo.

  En la retaguardia del 48 Panzerkorps, el desastre italiano ha permitido que los rusos intenten sendas atrevidas incursiones hacia los aeródromos de Tatsiskaya y Morozovsk. Sin embargo, la llegada desde Bélgica de la división 306, más la italiana de infantería de Marina Nettuno y la 4 división de montaña rumana anteriormente en el Cáucaso, logran reforzar lo suficiente la defensa y tres cuerpos móviles rusos son duramente castigados en el intento infructuoso de asaltar cualquiera de los dos aeródromos. En la zona del 57 Panzerkorps, mientras que los rusos siguen reforzándose -pues envían todo lo que tienen hacia la zona para volver a cerrar el cerco-, por parte alemana el día 18 ha llegado a los puertos del Mar Negro la 10 división Panzer, también procedente de Francia, pero que tardará aún una semana en poder actuar en la zona crítica. Mientras tanto, un refuerzo valioso es la incorporación a la lucha, el día 23 de diciembre, del batallón especial 503 de tanques pesados “Tigre”. También ha llegado la división Jäger 97 desde el Cáucaso y están de camino la última división anfibia que faltaba enviar al frente, la italiana San Marco, y la división Waffen-SS de infantería Prinz Eugen, procedente del 12 Armee.

                                               Los tanques "Tigre" en camino

  El día 24 los rusos (con el gran 2 ejército de Guardias, que ha recibido todas sus unidades) contraatacan al oeste de Stalingrado. Los restos de las divisiones blindadas alemanas, ya muy desgastadas, resisten la contraofensiva soviética. Logran mantenerse firmes gracias al refuerzo de infantería que han recibido. Tropas alemanas, rumanas, italianas, francesas y españolas (muchas procedentes del Cáucaso, donde el repliegue hacia Pyatigorsk y las ciudades costeras del Mar Negro ha sido general) combaten entre Kotelnikovo y Stalingrado mientras los trenes siguen transportando suministros desde los puertos.

  El 25, por fin, llega la 10 división Panzer y la situación se estabiliza para el bando nazi. Están de camino la 3 Panzer y la Waffen-SS Wiking (del Cáucaso).

  En el cuartel general de Rastenburg, los alemanes se han dado cuenta de que los rusos han detenido sus ofensivas en otros sectores: lo están apostando todo a Stalingrado, y es lógico, porque cada día que pasa el 6 Armee está mejor abastecido y recupera fuerza combativa, de modo que los rusos deben aprovechar su debilidad mientras ésta persista. En la medida en que la logística lo permite, cada bando acumulará en torno a Stalingrado todo lo que tenga hasta agotar los recursos del adversario.

   Hitler está confiado: tras la 10 Panzer, marchan desde Francia las tres divisiones motorizadas Waffen-SS, que irán llegando por la misma ruta, una tras otra. Y seguirá sacando recursos de los ejércitos alemanes del Cáucaso: primero ha utilizado en Stalingrado la 5 Panzer, después vendrá la 3 Panzer (29 diciembre) y la Wiking (inmediatamente después). Puede hacerlo porque cuenta con las ventajas del repliegue del Cáucaso hasta los puertos del Mar Negro, y porque cuenta con suficientes tropas de cobertura para las acciones defensivas (tropas de infantería rumanas, búlgaras, divisiones alemanas de segunda como las de numeración "700" y las de infantería de la Luftwaffe), concentrando entonces las fuerzas ofensivas en el sector más vital. En la zona del 48 cuerpo, próxima a los aeródromos atacados por los rusos, se reciben también refuerzos procedentes del Cáucaso, pero no blindados, pues los rusos están concentrando sus ataques en la zona del 57 cuerpo.

  El 30 de diciembre, los rusos vuelven a la carga: se trata del 3 ejército de tanques al completo, la mejor de las unidades de reserva que le queda a los soviéticos. La lucha continúa mientras los alemanes ceden terreno en el Cáucaso y en la zona del Don para concentrar sus mejores fuerzas en Stalingrado. Pero lo que se cede son naderías que los generales nazis creen que podrán ser compensadas el verano siguiente cuando de nuevo les toque a ellos atacar (y para entonces el mar de Azov y el río Don estarán libres de hielos, lo que mejorará más aún la situación logística para el bando nazi).

  A primeros de 1943, Hitler está ya más relajado: la primera de las tres divisiones motorizadas Waffen-SS llega a la zona tras la ya habitual singladura. Los trenes siguen circulando incesantemente entre Kotelnikovo y los dos puertos del Mar Negro, mientras las vías son custodiadas por patrullas de infantería y caballería (en su mayoría rumanas).

   Pese a los ruegos rusos, los angloamericanos poco pueden hacer para detraer recursos del enemigo creándoles problemas en otra parte. En el sur de Marruecos, el Eje ha organizado con eficacia un ejército defensivo germano-hispano-marroquí, y en el sur de Egipto Rommel tiene controlado al ejército aliado del Sudán, e incluso ha recuperado terreno. Los angloamericanos no disponen, de momento, con nada capaz de enfrentarse a los nazis en tierra con esperanzas de éxito.

  Con la entrada en liza en febrero de la última de las tres divisiones Waffen-SS (la Totenkopf), Hitler solo tiene que esperar a la batalla decisiva, con la ofensiva conjunta del Panzerkorps Waffen-SS que alejará definitivamente a los rusos de todas las posiciones que amenazaban las comunicaciones terrestres del Eje entre Stalingrado y el Mar Negro. En cuestión de semanas Stalingrado quedará conectado directamente con las dos líneas de ferrocarril, la que viene de Ucrania (el 48 Panzerkorps también se está reforzando para atacar) y la que viene de los puertos. En marzo se deshelará el mar de Azov, lo que permitirá usar también el gran puerto de Rostov. Desde Rostov, el río Don es navegable hasta muy cerca del mismo Stalingrado.

  También comienza a deshelarse el Volga. El 22 de febrero de 1943 los últimos soldados soviéticos abandonan las ruinas de la ciudad de Stalingrado en las que resistían mientras aún se mantiene el hielo que les permite caminar sobre él. Hitler conoce en Berteschgaden, adonde se ha retirado a descansar, la noticia de que las exhaustas pero eufóricas tropas del 6 Armee han conquistado los últimos edificios dominados por el enemigo en Stalingrado. Satisfecho, el Führer concede el bastón de mariscal al comandante del 6 Armee Friedrich Paulus, el bravo conquistador de la ciudad enemiga y, para no ser menos, al comandante del 1 Panzerarmee, Ewald von Kleist, que ha podido defender la posición de Pyatigorsk en el centro del Cáucaso a pesar de haber tenido que enviar tantos recursos para liberar Stalingrado del cerco. La contraofensiva soviética de invierno ha sido derrotada.

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  En esta historia, la batalla alternativa de Stalingrado diverge de los acontecimientos reales por factores que tienen que ver con las facilidades logísticas del dominio del Mediterráneo y el Mar Negro, y por una mayor disponibilidad de tropas del Eje que también se da gracias a la misma coyuntura. 

  Los acontecimientos bélicos críticos que determinaron el desenlace de la batalla de Stalingrado y probablemente de toda la guerra tuvieron lugar entre los días 12 y 25 de diciembre de 1942. El día 12, los alemanes lanzaron su operación "Tormenta de invierno" para romper el cerco al que había sido sometido el 6 Armee en Stalingrado. El día 13, Stalin ordena que se envíe al 2 ejército de Guardias para bloquear este intento de ruptura. El 16 se lanza la ofensiva soviética al norte de Stalingrado, contra el ejército italiano en el Don (operación en la que tenía que haber participado -junto con otros tres ejércitos rusos- el 2 ejército de Guardias según el plan original, pero en la que, de todas formas, los rusos utilizan hasta cinco cuerpos móviles, cada uno equivalente a una división Panzer alemana). El día 19 la resistencia italiana es vencida, y los soviéticos amenazan la retaguardia alemana en la zona del 48 Panzerkorps (los cuerpos Panzer 48 y 57 eran las dos puntas de ataque en el intento de liberar al 6 Armee, cada uno avanzando por un tramo de ferrocarril diferente). Es el mismo día en que el 57 Panzerkorps (la vanguardia de la operación "Tormenta de invierno") llega al río Myshkova, a cincuenta kilómetros del 6 Armee. Aquí difieren la realidad y esta historia. En la realidad, los soviéticos detienen a los alemanes en el Myshkova entre el 19 y el 22 de diciembre, al llegar a la zona parte de las unidades que forman el 2 ejército de Guardias. El 23, los alemanes tienen que trasladar la mejor unidad del 57 Panzerkorps, la 6 división Panzer, al sector amenazado en retaguardia por la ofensiva que el 19 venció a los italianos y que ahora ha llegado hasta el vital aeródromo alemán en Tatsinskaya (en la misma línea férrea que abastece al 48 Panzerkorps). Mientras el avance alemán se debilita de forma decisiva, la fuerza de los soviéticos se ha estado incrementando también en el sector de Stalingrado y el día 24 contraatacan en la zona del rio Myshkova: se trata del 2 ejército de Guardias, ahora al completo, más las tropas ya desgastadas del 51 ejército soviético y el 5 ejército de choque. Los rusos suman ciento cincuenta mil hombres y cuentan con más de seiscientos tanques. Los alemanes apenas disponen de unos treinta tanques y la tropa de una decena de divisiones muy debilitadas (la mayoría rumanas, y no de las mejores). La contraofensiva soviética llega, pues, hasta la terminal ferroviaria de Kotelnikovo y seguirá avanzando victoriosamente hacia el oeste.

   En esta historia, por el contrario, los soviéticos que han derrotado a los italianos no logran alcanzar el aeródromo de Tatsinskaya porque se han traído más tropas para defenderlo (por ejemplo, una de las divisiones anfibias italianas), y por lo tanto no es preciso detraer unidades de élite del intento de auxilio a Stalingrado para reparar la situación. Paralelamente, la llegada de la 7 división Panzer al 57 Panzerkorps el día 19 (más las unidades de infantería escogidas trasladadas desde el Cáucaso: división de montaña alemana, división anfibia alemana, división de montaña española) permite que se rompa el cerco el día 22. Para el día 24, en esta historia, la fuerza alemana en la zona no suma solo los treinta tanques que tenían en la realidad, sino que cuenta también con otros tantos procedentes del interior del "Kessel" (zona de cerco donde estaba el 6 Armee), ya reabastecidos, los de la 6 Panzer (que no ha sido necesario enviar a la retaguardia del 48 Panzerkorps), los cien de la 7 Panzer... más la fuerza del batallón 503 de tanques Tigre también recién llegados. Con doscientos tanques, los alemanes se bastan para detener una ofensiva soviética de seiscientos (se estima que los rusos perdían entre cuatro y cinco tanques por cada tanque alemán igualmente perdido), y también hay que contar con que, para el día 24, los alemanes contarán en la zona de la batalla (entre Kotelnikovo y Stalingrado) con más y mejores soldados de infantería, al haberse llevado hasta allí algunas unidades de primera clase desde el Cáucaso (las ya mencionadas y otras que estarían en camino). Los soviéticos no podrán volver a cerrar el cerco al 6 Armee en Stalingrado. Y en los días siguientes seguirán llegando por la conexión Mediterráneo-Mar Negro más unidades blindadas alemanas, otras valiosas fuerzas de infantería y más abastecimientos. 

  En la realidad, tras que los alemanes fracasaran en el intento de romper el cerco al 6 Armee en Stalingrado, los rusos destruyeron a los defensores alemanes (a relativo bajo costo: casi una baja "irrecuperable" rusa por cada diez alemanas) y pudieron volver a lanzar las tropas que habían logrado esta victoria contra nuevos objetivos hacia el oeste con el fin de liberar aquel invierno la mayor cantidad posible de territorio soviético. Poco más de un mes después del gran triunfo de Stalingrado, los ejércitos rusos, con una alta moral y habiendo recogido todas sus reservas, se tuvieron que enfrentar al Waffen-SS Panzerkorps procedente de Francia, y a mediados de marzo de 1943, en la tercera batalla de Kharkov, los vencedores de Stalingrado se vieron batidos y hubieron de ceder terreno. Siguieron cuatro meses durante los cuales las tropas soviéticas no volvieron a atacar... pero ningún éxito parcial podía compensar ya a los alemanes del desastre de Stalingrado, donde sucumbieron 300.000 de sus soldados. En mayo de 1943 otro ejército alemán tenía que rendirse en Túnez a los angloamericanos, que una vez más los habían privado de recibir sus suministros procedentes de Italia gracias al inmenso poder aeronaval aliado.

  Si, en la realidad, con el 6 Armee destruido, los alemanes aún pudieron detener y derrotar después a los victoriosos rusos en Kharkov, es evidente que en las circunstancias que se relatan en esta historia alternativa mucho más hubieran podido hacerlo con el 6 Armee a salvo y, además, cada vez más revitalizado por la constante llegada de suministros por el ferrocarril procedente de los puertos del Mar Negro (Novorossisk, sobre todo). Y el Panzerkorps Waffen-SS habría llegado por lo menos un mes antes al campo de batalla de lo que lo hizo en la realidad, debido a que el Mediterráneo está cerrado (en la realidad, estas unidades se vieron implicadas en la ocupación de la zona de Vichy, debido al desembarco angloamericano en el Mediterráneo -Argelia-, lo que retrasó su envío a Rusia). Súmese a ello que en esta historia las fuerzas del Eje hubieran dispuesto de entre quince y veinte divisiones de infantería más (aunque no de primera clase) en la zona Cáucaso-Stalingrado, más la amenaza permanente de beligerancia turca en la frontera sur (según el historiador Gerhard Weinberg, unos cien mil soldados rusos que guarnecían la frontera turca fueron desplazados al combate contra los alemanes cuando el estancamiento de la ofensiva de Rommel en Egipto a finales de julio alejó el temor a una intervención turca) y que en la conquista del Mar Negro que se describe en esta historia los soviéticos habrían sufrido casi doscientas mil bajas adicionales con respecto a las que sufrieron en la realidad (por no haberse podido salvar muchos soldados que en la realidad la Marina soviética evacuó de Crimea, y por el factor de proximidad a la frontera turca durante buena parte de los combates, lo que sin duda hubiera empujado a la deserción a muchos soldados soviéticos y hubiera obligado a muchos otros a permanecer allí por temor a la beligerancia turca, no estando disponibles para otras misiones).

   Pero aún más importante es la circunstancia de que, en la realidad, todos los suministros y refuerzos alemanes que iban hacia la zona de Stalingrado y el Cáucaso tenían que llegar por las muy incómodas vías ferroviarias de Ucrania (largas, precarias y hostigadas por los partisanos). Propiamente, todas esas vías convergían al este de Ucrania poco antes de llegar a Rostov, y desde allí tenían que distribuirse los trenes, unos hacia la vía que pasaba por Morozovsk (por la que avanzó el 48 Panzerkorps en su intento de romper el cerco ruso al ejército alemán en Stalingrado) y los otros por Rostov, y luego hasta Kotelnikovo (por donde avanzó el 57 Panzerkorps). Era también esta misma ruta la que abastecía a los dos ejércitos alemanes del Cáucaso (1 Panzerarmee y 17 Armee). Por otra parte, en esta historia los alemanes habrían contado con recursos para reforzar la retaguardia del 48 Panzerkorps (la línea ferroviaria que también abastecía los aeródromos de Tatsinskaya y Morozovsk, desde donde se abastecía a los cercados en Stalingrado): se mencionan una división anfibia italiana más otra de montaña rumana del Cáucaso que se sumarían a la 306 ID que en la realidad resultó insuficiente; recuérdese que los rusos llevaron a cabo con éxito su asalto al aeródromo de Tatsinskaya, lo que a su vez forzó al 57 Panzerkorps a enviar a la 6 Panzer a la retaguardia del 48 Panzerkorps. Precisar que la división anfibia italiana de esta historia no existía en la realidad (el contingente habría formado parte de las tropas italianas que desperdiciaron su preparación para el frustrado desembarco en Malta) y que la 4 división rumana de montaña mencionada en la historia en la realidad se encontraba en funciones de defensa costera en Crimea (junto con la 1 división rumana de montaña, que por lo tanto estaría también disponible en la historia alternativa). 

  En la historia alternativa que aquí se presenta, todos los trenes que fuesen por las rutas de Ucrania podrían concentrarse en abastecer la línea ferroviaria de Morozovsk, lo que habría cambiado por completo la situación del 48 Panzerkorps y resto de unidades que dependía de tal vía de suministro, y que no tendrían que compartir la ruta logística con las necesidades de los otros sectores. La vía hasta Kotelnikovo hubiera quedado exclusivamente para los suministros y refuerzos llegados de los puertos de Novorossisk y Tuapse (a partir de marzo, con el deshielo, también de los puertos del mar de Azov... sin olvidar que el río Don llegaba a hacerse navegable casi hasta el mismo Stalingrado), mientras que las unidades que luchasen en el Cáucaso hubieran podido suministrarse por los otros puertos más al sur (como Poti o Batumi). Esto significa que los alemanes hubieran dispuesto no solo de suministros y refuerzos que hubieran llegado antes (y con más seguridad) por la vía marítima, sino que se hubiera tratado de una cantidad doble o triple en todos los apartados. Más aún, porque también el puente aéreo se hubiera beneficiado de tener más aviones disponibles: en la realidad, por cada dos aviones de transporte alemanes implicados en el puente aéreo a Stalingrado, hubo uno más implicado en el puente aéreo a Túnez. En esta historia, todos habrían estado disponibles para Stalingrado (las tropas del Eje en el frente que empezaría a formarse al sur de Marruecos -correspondiente al frente de Túnez en la realidad- hubieran dispuesto de sus propias líneas de abastecimiento terrestre, también ferroviarias).

  Además, con el Mediterráneo cerrado, no solo el Panzerkorps Waffen-SS habría llegado antes, sino que unidades de élite como la 10 división Panzer (en la realidad enviada a Túnez) y el Batallón especial de tanques Tigre 501 (también enviado a Túnez), hubieran podido asimismo marchar a Rusia. Para ser conservadores, en esta historia hemos dado un triunfo a los angloamericanos en las Canarias ("Operación Torch") y hemos hecho que, como consecuencia de éste, la división Panzergranadier (motorizada) “Hermann Goering” se posicione en el sur de Marruecos para apoyar a españoles y marroquíes. Pero allí no esperará a los alemanes una lucha angustiosa (como en la realidad sucedió en Túnez), sino que su posición defensiva será buena y los angloamericanos, agotados tras la dura conquista de las Canarias, tendrán que crear su propia base logística en el pequeño puerto de El Aiuun, en el Sahara Occidental, inicialmente desprovistos de todo. Además, en la realidad, las fuerzas del Eje en Túnez no se enfrentaron solo a las fuerzas angloamericanas desembarcadas en Argelia ("Torch"), sino que también convergió sobre ellos el Octavo Ejército británico, que perseguía a Rommel desde El Alamein (más el ejército francés colonial). Ahora estas fuerzas aliadas estarían separadas... y enfrentándose no solo a alemanes -y, en la realidad, también a unos derrotados italianos... italianos que en esta historia se hallarían en mucho mejores condiciones-, sino también a los nuevos aliados de los alemanes: egipcios, españoles y marroquíes... más la constante amenaza de beligerancia turca y las guerrillas árabes pronazis en Próximo Oriente.

    Finalmente, subrayemos el factor, ya mencionado antes, de que con el Mediterráneo y el Mar Negro cerrados, hay veinte divisiones de infantería adicionales para los nazis en el frente del Este; éstas serían de diversas nacionalidades (rumanos, alemanes, italianos, españoles, búlgaros, turcomanos…) y reforzarían todos los frentes en la zona. En la realidad, la derrota alemana no dependió solo de la escasez de divisiones Panzer, ya que también se echaron en falta tropas de infantería para defender los diferentes sectores. Estas veinte divisiones adicionales que se suman a los alemanes en esta historia serían las siete divisiones (en su mayoría rumanas) que en la realidad estuvieron haciendo defensa costera en el Mar Negro, más las dos divisiones anfibias italianas (en la realidad, solo una parte de las que se desperdiciaron en los preparativos para la cancelada invasión de Malta), más las seis divisiones alemanas que por esta época, en la realidad, luchaban contra los partisanos en Yugoslavia (en esta versión alternativa, con el Mediterráneo cerrado, Yugoslavia no sería un gran problema estratégico y, en todo caso, los italianos cuentan con más tropas disponibles para ocupar los Balcanes, ya que habrían disuelto su defensa costera en el Mediterráneo), más una cantidad indeterminada de otras divisiones no alemanas que estarían luchando en el bando nazi atraídos por la expectativa de victoria tras los grandes triunfos del verano de 1942: otra división española, tres divisiones búlgaras (estas fuerzas pueden ser las que los búlgaros se ahorrarían de no necesitar ya defensa costera y de que con el Mediterráneo cerrado habrá una menor actividad partisana en los Balcanes), una división de voluntarios turcos y turcomanos (conservadoramente, consideramos a los turcos todavía neutrales), otra división francesa... Y aún tendríamos que sumar el factor de amenaza del ejército turco y los cañones de la flota del Eje para defender las posiciones costeras del Mar Negro de ataques rusos por tierra. La ausencia de las divisiones 22 y 23 Panzer, y la 28 Ligera (en esta historia, enviadas a África y no a Rusia ya antes del verano) sería insignificante (y compensada, además, por la división 22 Luftlande que no habría sido enviada a Creta, por el añadido de la división anfibia alemana y por el equivalente a una división de infantería alemana completa por las bajas que se habrían ahorrado al no ejecutarse las costosas ofensivas frontales de Crimea en Mayo y Junio, así como por el hecho de que durante el verano de 1942 no hubiera hecho falta enviarle tanques de refuerzo a Rommel en África -fueron más de un centenar-, que habrían estado por tanto disponibles también para Rusia).

  En cuanto a las operaciones soviéticas, el Ejército Rojo demostró durante el invierno 1942-43 una extraordinaria competencia sobre todo a la hora de formar nuevas y renovadas unidades que se iban lanzando en constantes ofensivas. Casi todas estas se realizarían también en esta historia alternativa, con una importante excepción: la ofensiva Voronezh-Kharkov; esta ofensiva fue la que sucedió a la "Pequeño Saturno", del 16 de diciembre, que era complementaria del cerco de Stalingrado. La Voronezh-Kharkov (al mando del general Golikov) tuvo lugar el 13 de enero, cuando la derrota alemana de Stalingrado ya era segura y logró explotar la victoria soviética, liquidando, entre otras cosas, al ejército húngaro (y al cuerpo de montaña italiano); supuso también la liberación de ciudades rusas como Kursk y situó los ejércitos soviéticos en la posición correcta para la esperada liberación de Ucrania (que finalmente no pudo tener lugar aún). En esta ofensiva tomaron parte unidades soviéticas muy eficientes, como el tercer ejército de tanques (general Rybalko). Dadas las circunstancias de esta historia alternativa, no cabe explotación alguna de un éxito que no se habría producido, y la mayor parte de estas unidades se envían a la gran batalla de desgaste en torno a Stalingrado (propiamente, para intentar restablecer el cerco al 6 Armee). En la realidad, estas fueron las unidades que, tras su éxito en enero, sufrirían un inesperado revés un mes más tarde con la contraofensiva nazi en Kharkov, lo cual pospuso la esperada liberación de Ucrania. Ahora encuentran su destino fatal en el entorno de Stalingrado, más o menos por las mismas fechas y ante un enemigo más poderoso.

  En general, se considera que en el frente oriental, durante la batalla de Stalingrado, había casi cuatro millones de soldados del Eje (más de dos millones y medio alemanes) combatiendo a seis millones de soviéticos, lo que daba a estos una ventaja de dos millones más de soldados a los rusos (hay quienes cifran una ventaja mayor, en proporción 1:1.7). En esta historia, esa superioridad se reduciría a un millón y medio (doscientos mil soviéticos menos y trescientos mil del Eje más), una diferencia significativa entre ambas situaciones. 

   Un factor estratégico que contribuyó en la realidad al desastre de Stalingrado fue el temor a que quedaran atrapados en el lejano Cáucaso los dos ejércitos (17 Armee y 1 Panzerarmee) que luchaban allí y que dependían para sus suministros del “cuello de botella” del ferrocarril que pasaba por Rostov. La propaganda nazi atribuyó su salvación al sacrificio de los hombres del 6 Armee ("no cayeron en vano"). En esta historia, contando con los puertos del Mar Negro, nunca se hubiera podido dar ese cerco a los ejércitos alemanes en el Cáucaso (tres y no dos, en esta línea alternativa: se suma el 12 Armee, ya no necesario en los Balcanes, y reforzado con unidades de infantería de muy variado origen). Lo más inteligente sería, por tanto, que las fuerzas del Eje en el Cáucaso se retirasen a los puertos, dejándose un remanente en alguna posición intermedia (por ejemplo, Pyatigorsk, que tenía ferrocarril) desde donde se pudiera retomar la ofensiva en tiempos mejores, que se protegiese el ferrocarril que llegaba del Mar Negro hasta Kotelnikovo y que se concentrara entonces toda la capacidad ofensiva en abrir el cerco al 6 Armee. En la época de esta batalla decisiva, los dos ejércitos del grupo A del Cáucaso (1 Panzerarmee y 17 Armee) sumaban, además de otras pequeñas unidades, un total de tres divisiones Panzer (en esta historia habrían sido las 3, 5 y 13; en la realidad fueron las 3, 13 y 23), la Waffen-SS Wiking, la móvil eslovaca, dos divisiones Jäger, dos de montaña, ocho de infantería alemanas y cinco rumanas (puede incluirse en la cuenta la 16 motorizada, del 4 Panzerarmee, pero en una zona apartada de apoyo a la invasión del Cáucaso, Kalmukia). La mitad de estas unidades hubieran podido enviarse a la zona de Stalingrado, dejando las restantes para defender la línea ferroviaria de Tuapse a Kotelnikovo, más el enclave avanzado de Pyatigorsk, en el centro del Cáucaso. Los enclaves costeros de Batumi, Poti, Sukhumi, Sochi y Gagra los hubieran podido defender, con apoyo de artillería naval (que hubiera podido incluir la artillería pesada de los grandes acorazados italianos), las siete divisiones que no habrían hecho falta en la defensa costera (seis rumanas y una de la Luftwaffe), el cuerpo búlgaro de esta historia (tres divisiones), la división turcomana de esta historia y cinco de las seis que en la realidad estuvieron en lucha antipartisana en Yugoslavia (el 12 Armee). Más que suficiente... más la amenaza constante para los soviéticos de beligerancia turca en la frontera. Súmese a esto todas las ventajas relacionadas anteriormente.

  Ni siquiera la gran sorpresa de que los rusos eran capaces de reunir tantas y tan bien armadas unidades para su contraofensiva hubiera hecho temer el desastre a los generales alemanes. Hitler podría haber acudido durante unos días a la conferencia política de Barcelona, como hace en esta historia, sin preocuparse demasiado.

  Con la victoria nazi en Stalingrado, la guerra habría quedado decidida, aunque los aliados hubieran tardado algunos meses en comprenderlo. En esta historia los rusos recuperan algo de terreno en el Cáucaso y en la zona del río Don, pero al coste de sacrificar sus mejores unidades de tanques, tan costosamente reunidas. Con Stalingrado en poder alemán, los soviéticos se enfrentarían además a graves problemas económicos: el tráfico fluvial del Bajo Volga queda interrumpido y las fábricas de armamento de la ciudad, muy valiosas, ya no pueden recuperarse. Y sin duda que el efecto moral de año y medio de constantes derrotas hubiera hecho mella en la tropa. A esto hemos de sumar el “factor musulmán”: Hitler, libertador de los pueblos musulmanes, habría forzado a los rusos a prescindir gradualmente de sus soldados de esta religión, cada vez menos fiables. En el momento de la batalla de Stalingrado, una quinta parte de la población soviética bajo control efectivo del gobierno de Moscú estaba compuesta por musulmanes.

  En la realidad, la victoria de Stalingrado eliminó más de veinte divisiones alemanas irrecuperables, mientras que los soviéticos, aunque experimentaron fuertes pérdidas (por eso Manstein pudo derrotarlos de nuevo, parcialmente, en marzo), recuperaron bastante terreno y en éste reclutaron a miles de hombres que ayudaron a reponer las bajas. El resultado final de la lucha en torno a Stalingrado desde el comienzo de la gran contraofensiva "Urano" (19 noviembre 1942), según la estimación de David Glantz, fue de un millón de bajas del Eje frente a un millón setecientos mil soviéticos. Considerando el territorio ganado (que implicaba nuevos reclutas para el Ejército Rojo) y considerando la población y el mayor número de jóvenes en edad militar soviéticos en comparación con la población alemana, esto significaba ganar en términos de batalla de desgaste. En esta historia alternativa, el resultado final es del mismo número de bajas soviéticas (no tienen por qué ser más)... y la mitad -medio millón- del Eje: tenemos que restar de la cifra real los doscientos mil que no se hubieran perdido del 6 Armee en el desastre final y otros trescientos mil italianos, rumanos y húngaros que tampoco se habrían perdido en sus correspondientes desastres. Una proporción de cinco bajas a uno (y poca recuperación de territorio nacional) que significaba derrota soviética en la guerra de desgaste. Aunque no a corto plazo... 

  La victoria de Stalingrado, además, dio lugar a un gran incremento de fuerzas partisanas (éstas siempre dependen del factor moral, pues se nutren de voluntarios así como del colaboracionismo de la población civil), así como a que muchos renegados volvieran a cambiar de bando: también este factor moral hizo más fiables a los soldados musulmanes del Ejército Rojo. Todo cambió con la espectacular rendición del 6 Armee en Stalingrado. Pero sin la victoria de Stalingrado, la Unión Soviética habría estado abocada a una inevitable derrota por desgaste, con su población reducida a 130 millones de habitantes y un promedio de pérdida de cinco soldados propios por cada soldado enemigo eliminado (en 1942, los alemanes sufrieron 600.000 bajas irrecuperables y los soviéticos 3.200.000... sin contar los heridos que quedaron inválidos).